Por qué la salud de los trabajadores agrícolas requiere más que atención médica: aprendizajes de RESPIRAR

¿Qué determina si un trabajador agrícola puede recibir atención médica, recuperarse de una enfermedad o vivir en condiciones que protejan su salud? A través de RESPIRAR, estamos explorando estas preguntas junto con los trabajadores agrícolas y analizando por qué persisten las condiciones perjudiciales a pesar de las leyes y regulaciones destinadas a protegerlos.
Durante los últimos tres o cuatro años, CATA ha colaborado con la Universidad de Maryland y la Universidad de Michigan para investigar la salud respiratoria y las condiciones de vida y trabajo de los trabajadores agrícolas en Maryland. El proyecto combina investigaciones sobre salud y vivienda con conversaciones con los trabajadores y otras personas vinculadas a sus vidas. Este enfoque nos ayuda a comprender tanto las condiciones que enfrentan como los sistemas que las mantienen.
Lo que nos dicen los datos
Durante dos temporadas agrícolas, nuestros equipos visitaron semanalmente a trabajadores agrícolas en distintos lugares de la costa este de Maryland. Realizamos encuestas y entrevistas, recogimos muestras nasales para detectar infecciones respiratorias comunes y recopilamos información sobre sus viviendas.
El primer análisis de las encuestas iniciales realizadas a 135 trabajadores ya se publicó en Frontiers in Public Health, bajo el título “Fields of inequity: initial insights into structural disparities among migrant farmworkers in Maryland” —“Campos de desigualdad: primeros hallazgos sobre las disparidades estructurales entre los trabajadores agrícolas migrantes en Maryland”—.
El informe documenta diferencias salariales considerables: el 93% de los trabajadores con visa H-2A indicó que ganaba al menos $15 por hora, en comparación con el 25% de las personas beneficiarias del Estatus de Protección Temporal (TPS). Nuestro estudio encontró una fuerte relación entre tener una visa H-2A y recibir un salario más alto que los residentes permanentes de Estados Unidos y las personas con TPS.
Estas diferencias destacan la necesidad de abordar la brecha salarial entre los trabajadores agrícolas. También plantean interrogantes sobre si la tasa salarial de efecto adverso (AEWR, por sus siglas en inglés) realmente protege a los trabajadores que residen en Estados Unidos o si, por el contrario, contribuye a mantener bajos los salarios de toda la mano de obra agrícola contratada.
Aunque el propósito declarado del programa H-2A es cubrir las necesidades temporales de mano de obra de los empleadores agrícolas, muchos de los participantes de nuestro estudio con esta visa han regresado a trabajar a Maryland en repetidas ocasiones, a menudo para el mismo empleador. El 64% de los participantes ha realizado trabajo agrícola en Estados Unidos durante ocho años o más.

Los hallazgos sobre vivienda muestran cómo el empleo influye en la vida más allá del lugar de trabajo. Aproximadamente el 96% vive en alojamientos controlados por sus empleadores. Los investigadores observaron hacinamiento, moho, estructuras deterioradas e instalaciones inadecuadas. Señalan que los requisitos de espacio por persona, por sí solos, no bastan para proteger la salud respiratoria: la ventilación también importa. La falta de instalaciones para lavar la ropa puede dificultar que los trabajadores sigan las prácticas de seguridad relacionadas con los pesticidas.
Además, el 80% depende de sus empleadores para transportarse, no solo para ir y regresar del trabajo, sino también para comprar alimentos, hacer diligencias, recibir atención médica y realizar otras actividades. Esta dependencia puede tener consecuencias positivas o negativas, según la relación con el empleador.
Solo el 67% indicó que tenía acceso a agua potable en el trabajo. Entre quienes reportaron haber dejado de trabajar por una enfermedad o lesión, el 62% no recibió pago durante ese tiempo.
Escuchar a los trabajadores para comprender los sistemas
Este verano, RESPIRAR pasó a una etapa de talleres para explorar cómo los trabajadores toman decisiones sobre su salud. Hemos conversado con cuatro grupos que representan distintas experiencias, con la participación de hombres, mujeres, trabajadores con visa H-2A, personas indocumentadas y ciudadanos estadounidenses. Aún está pendiente un taller con personas haitianas beneficiarias del TPS, cuya perspectiva es fundamental. Estas conversaciones corresponden a una fase distinta del análisis de las encuestas iniciales ya publicado.
En los talleres, las redes personales surgieron como fuentes esenciales de transporte, interpretación y apoyo para acceder a la atención médica. Algunos grupos también describieron la ayuda que reciben de sus empleadores. Estas conversaciones pusieron de relieve las dificultades que enfrentan los trabajadores recién llegados que no cuentan con esos vínculos o apoyos.
La presión económica estuvo presente en todos los talleres. Los trabajadores deben sopesar sus necesidades de atención médica frente a la responsabilidad de mantener a sus familias y pagar sus cuentas. Para quienes no tienen seguro médico, el costo que anticipan de una consulta o tratamiento puede influir en sus decisiones tanto como el costo real.

De la investigación a la acción
RESPIRAR ya está generando oportunidades para abordar las condiciones documentadas en esta investigación. Durante los últimos meses, CATA ha mantenido conversaciones con el Departamento de Trabajo de Maryland sobre la vivienda de los trabajadores agrícolas. Un integrante de la Cámara de Delegados de Maryland también ha expresado interés en explorar cómo los cambios regulatorios y legislativos podrían mejorar estas condiciones.
Este otoño, realizaremos más talleres con proveedores de servicios para trabajadores agrícolas, defensores de sus derechos y, esperamos, funcionarios gubernamentales responsables de implementar las protecciones laborales. Planeamos reunir los hallazgos de estas conversaciones y compartirlos a principios del próximo año.
CATA utilizará lo aprendido para impulsar mejoras concretas en las condiciones de vida y trabajo de los trabajadores agrícolas. Sus experiencias, respaldadas por la investigación, pueden ayudar a las autoridades reguladoras y a los legisladores a identificar dónde las protecciones son insuficientes y qué debe cambiar.




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